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La eterna vigilancia como precio de la libertad.


La eterna vigilancia como precio de la libertad por Jesús Ramos Martínez


Philip Petit es un filósofo y politólogo irlandés nacido a mediados del siglo pasado. Entre las ideas que propone se pueden destacar dos. La primera gira entorno a que las leyes deben construirse bajo la noción de la no dominación. Por tanto los ciudadanos deberían estar fuera del alcance de la dominación tanto privada como pública. ¿Qué sería una dominación? Aquel sometimiento que no permite el acceso a los recursos básicos (sustento, trabajo, seguridad por mencionar algunos), incluso señala que una subordinación (privada o pública) puede ser efectiva si esta brota de la buena voluntad de aquel otro que controla los recursos o las formas de tomarlos (los programas sociales del gobierno en forma de dádivas o los recursos entregados por las empresas privadas en forma de “caridad”).


En el plano de la dominación privada. El autor plantea el fortalecimiento del estado de bienestar y al mismo tiempo, que reconoceal ciudadano en su faceta de trabajadorse refuerce el poder de negociación de este, mediante instituciones y órganos que lo pongan en igualdad de condiciones ante el individuo u organización privada.


Para evitar la dominación pública, es aquí donde entra la segunda idea por la que pueda ser reconocido Philip Petit. Pues se le conoce como el padre del neorrepublicanismo, corriente teórica que busca en el pasado los fundamentos y postulados normativos que señalan una tradición republicana en las sociedades humanas, más específicamente la sociedad romana anterior al siglo II Antes de nuestra Era.


Sin embargo la característica de la republica que propone el autor es una con un espíritu democrático. De aquí que se puede intuir la manera en que se puede evitar una dominación pública, pues será mediante la distribución de las competencias gubernamentales y políticas entre diferentes poderes (legislativo, judicial y ejecutivo) y diferentes niveles (federales o locales) sumada a la participación ciudadano como vigías del buen uso del ejercicio político de los gobernantes.


Actualmente resulta un poco confuso reconocer o señalar una democracia. Y aunque existen muchos teóricos y corrientes con respecto a la democracia. Apoyados en este autor se puede señalar tres formas de entender la democracia en el mundo contemporáneo.

1. La democracia como un sistema que confiere autoridad a la voluntad pública.

2. La democracia que le da autoridad al juicio público.

3. La que confiere autoridad a la evaluación pública (es aquí donde entra la noción republicana, concretamente la romana)


La primera forma, la que confiere autoridad a la voluntad pública es aquella que entiende al cuerpo político (el pueblo democrático) como un individuo. Lo que quiere decir, que lo asume con su propia mente. Por tanto bajo este supuesto, el pueblo sabría qué tipo de individuos (políticos) podrían formar un gobierno. Sin embargo Petit ve un inconveniente, el piensa que es utópico pensar que un colectivo pueda alcanzar un nivel de autonomía equiparable a la que algunos individuos pueden llegar a tener (ojo aquí, no hay que confundir la palabra autonomía con autogestión) para él, la idea de un pueblo con mente y voluntad propia, sin nada de incongruencias es más que imposible, pues considera que tan solo en el plano de lo social existen un sinnúmero de grupos o subgrupos, a ellos hay que sumarles diversos agentes. (Existirán algunos autores que resuelvan o propongan formas de darle forma a este cuerpo cívico, para de esta manera, darle fuerza a esta postura de conferirle autoridad a la voluntad pública, evitando por cierto etiquetar a este cuerpo cívico como “pueblo” categoría esta última más propia para uso y provecho de mesías o gobernantes demagógicos).


La segunda forma, es aquella que ve a la democracia como un sistema que otorga poder a los juicios públicos. Lo que no es más que aquello donde las personas saben que cosas son importantes para el colectivo. Sin embargo se requiere una enorme capacidad deliberativa y al igual que la primera forma, presenta el mismo problema, la necesidad de tener un cuerpo político (no solo lo que llamamos políticos, sino ciudadanos) organizado y reflexivo. Que no solo sepa que cosas son importantes sino también las formas de cómo llegar a ello. Además de este inconveniente el autor cree que incluso si llegaran a ejercer sus capacidades reflexivas y organizativas podría existir la posibilidad de dejar fuera del ejercicio político a una mayoría o incluso una minoría de individuos. Evidenciando la posibilidad de no estar realmente construyendo una voluntad pública o un juicio público


Finalmente el autor propone la democracia que confiere autoridad a la evaluación pública. Como ya se señaló anteriormente, se basa en la tradición republicana romana, donde se busca la Rēspúblicala cosa pública, el bien común.


Pero no por ello, el autor no nos indica qué es ese bien público, sino que mediante esta forma de democracia republicana, se dan las condiciones para que los ciudadanos puedan debatir y buscar ese bien común.


Parte de estas condiciones son tener una cierta apertura por parte del gobierno y elecciones regulares. Así los ciudadanos podrán vigilar y acordar lo que el gobierno deberá hacer y las formas como operará, de igual forma vigilarán las restricciones que se deben seguir. De esta manera el ejercicio político no se reduce a una simple elección para saber quién gobernará.

Bajo esta idea de democracia, por supuesto que no quedan excluidas las dos formas antes mencionadas, sino que también se hacen juicios de valor y se llega a dar fuerza a la voluntad pública. Pero con el agregado que al debate se le añade una condición evaluativa.


Y es que, aunque aparentemente existan, diversas formas de pensar y distintos puntos de vista, estas se equilibraran si los argumentos dados en la discusión pública son sometidos o regulados por referencias evaluativas.Y una vez obtenidas darán el marco desde donde el gobierno ejecutara las medidas apropiadas.


A esto lo denominará como evaluaciones compartidas, y de esta forma darle autoridad a estas. Pero ¿qué tipo de instituciones propone para dar autoridad a las evaluaciones compartidas?

Philip Petit propone dos tipos de instituciones:

1. Una Institución Electoral. Esta institución obligará a quienes ocupen un cargo o aspiren a ocupar un cargo político a dar explicaciones y justificaciones de las políticas a implementar, el autor señala que deben ser concebidas para ser evaluadas, teniendo el plus de si salen bien paradas, incluso frenen los argumentos de los adversarios políticos.

2. Instituciones Contestatarias. Serán instituciones con la capacidad de dar un espacio a aquellos individuos y organizaciones para someter a crítica las políticas gubernamentales.


Philip Petit como otros que se asumen demócratas considera que la democracia tiene un carácter bidimensional y es que, es el precio de la libertad el que obliga a la vigilancia eterna y sin cuartel para así poder realmente tener un gobierno republicano y demócrata que verdaderamente se enfoque en la búsqueda del bien común.


Una vigilancia centrada en estar alerta y observar las practicas del gobierno sin olvidar en cuidar y velar por el proceso que permite la formación de dicho gobierno. Pues como han considerado muchos filósofos y pensadores, la política es un asunto demasiado importante para dejárselo solo en las manos de los políticos (representantes).


Solo así se sabrá que se vive en un régimen demócrata y republicano, cuando sea incluso el propio gobierno quien incite a la instauración de organizaciones no gubernamentales y alejadas de todo intento de centralización por parte del gobierno.Y estas organizaciones forjadas probaran su valía mostrándose independientes y críticas al gobierno, para que sea este (el gobierno) al aceptar estas críticas la forma como mostrarásu virtud.

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