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  • Foto del escritorMeridiano Puebla

Elefante Blanco



Elefante Blanco por Jesús Ramos Martínez


Cuántas veces hemos visto el paisaje y de repente el barritar de un paquidermo irrumpe en el escenario, pero no se trata de una criatura viviente sino de los llamados elefantes blancos, generalmente construcciones a medias, en obra negra o incluso “concluida”pero todas estas inoperantes.

Pero exactamente a ¿qué se refiere un elefante blanco? y ¿de dónde viene ese curioso nombre?

La idea del elefante blanco tendrá que ser contextualizada a una tierra lejana, ubicada en el sureste asiático. Para ser más precisos, al antiguo Reino de Siam, país conocido actualmente como Tailandia.

En aquellas tierras los elefantes son animales venerados, pero los elefantes blancos son sagrados e incluso parte de la antigua heráldica del reino de Siam. Por tanto solo el rey tendría la capacidad de poseer en buen estado a un buen número de estos animales.

Sin embargo en los juegos de poder dentro del reino de Siam, a veces sucedía que algún noble o abusaba de su buena suerte o incluso se convertía en un elemento molesto para el propio Rey. Se dice que cuando esto sucedía, el rey obsequiaba un elefante blanco a ese noble, y siendo un animal sagrado y viniendo como regalo del propio rey, la obligación y el deber hacían que el noble cuidará de este animal, lo que inmediatamente se convertía en una operación costosa y muy prolongada (pues no olvidemos que los elefantes además de enormes, son animales muy longevos) que en algún punto, solía en el mejor de los casos, debilitar la capacidad económica del noble y en muchos otros casos, llevar a la ruina a su propia familia.

Un elefante blanco se convierte en una carga.

Julio Franco Corzo es un consultor y estudioso de las Políticas Publicas, egresado de la Universidad de Chicago y en su libro EL PAÍS DE LOS ELEFANTES BLANCOS LECCIONES VALIOSAS PARA PREVENIR DESASTRES GUBERNAMENTALES aborda el tema de los elefantes blancos como proyectos costosos, casi faraónicos en muchos casos y que más que sumar a la sociedad, se convierten en hoyos negros.

La analogía de esa supuesta práctica de los monarcas de Siam con sus nobles, es traspasada a los gobernantes y a la ciudadanía. Y aunque la idea del elefante blanco, no es única del sector público. Sino que también existe esta noción en el sector privado. Es en el sector público donde la tragedia puede tener resultados gigantes para la ciudadanía.

Entre las características que tienen los elefantes blancos se pueden señalar:

· Son construcciones que más que la funcionalidad son resultado de caprichos personales y gubernamentales.

· Suelen ser obras enormes y con una fuerte carga simbólica.

· Son obras que tanto en la ejecución como en el mantenimiento sobrepasan las estimaciones planteadas.

· En lado financiero son obras que comprometen no solo a la generación de ciudadanos presentes sino a futuras generaciones.

· Muchas de las veces la naturaleza de la propia construcción resulta más que complicada, en muchos de los casos son difíciles y llegando casi al nivel legendario, lo que hace que sean presentadas ante la ciudadanía como un enorme reto.

· Tienen un fuerte carácter clientelista no solo pensado desde el tema político, sino en aspectos económicos y sociales.

· Muchas de las veces es difícil reutilizar o cambiar el funcionamiento de la obra, lo que perpetúa su condición de elefante blanco.


El autor estudia cerca de 621 casos en toda la república mexicana, (incluidos Puebla) de todos los niveles gubernamentales y de gobiernos de todos los partidos políticos. La investigación no tiene un toque periodístico, con lo cual no se encontraran nombres específicos de los funcionarios, ni esa tendencia de línea editorial común en los medios de comunicación.

Sino que más bien es un estudio abordado desde el análisis de políticas públicas, una rama de las ciencias sociales.

Por tanto no es necesario empujar la piedra, sino que el autor mediante un análisis atrevido, creativo (pues en cierto sentido construye sus propios indicadores y conceptos) y meticuloso. Logra mostrar la esencia misma de la piedra.Demuestra su fuerza (dureza y terquedad).

Y es que no todos los elefantes blancos surgen de la incompetencia, muchos de ellos surgen de verdaderos buenos deseos que por una mala elección de ejecutantes de la obra o una ceguera para mirar las verdaderas condiciones, terminan por parir elefantes blancos, como una latente imagen de los anhelos ineficaces de sus ejecutantes.


Julio Franco Corzo llega a la conclusión en la que existen cinco factores que producen un elefante blanco, a estos los denominará como los “Mantras de los Elefantes Blancos” haciendo alusión a los mantras como aquellos deseos que se invocan para generar una condición deseada. Es una forma un tanto irónica para señalar algunas de las frases que se convierten en el canto del cisne, la palabrería que antecede a la tormenta.

1. “Dejaremos un gran legado”

A los políticos les gusta pensar que dejaran algo material como muestra de su grandeza y de esta forma ser recordados. Ante esto, todo lo demás pasa a ser secundario.

Uno de los elementos que impiden este deseo es que no se toman en cuenta la factibilidad ni financiera, ni legal, ni política. ¿Qué quiere decir? Que no existen estudios y análisis de los recursos no solo a corto sino a mediano plazo. Respecto a la factibilidad política, no se hace el estudio que permita primero visibilizar a los actores que están en contra de la obra y mucho menos existen los medios que puedan ser utilizados, para que estos puedan formar parte de la toma de decisiones. La factibilidad legal muchas veces se activa cuando los ejecutantes desconocen o incluso se pasan por alto las disposiciones legales.



2. “Conozco a un cuate muy bueno que la puede operar”

Este quizás el mantra que mejor define a todo el libro, pues visibiliza muchas cuestiones como el poco profesionalismo que se le da al ejercicio político y al servicio público. Pues ignorando todas las posibles condiciones probadas, reguladas y ejercidas por especialistas de cada ramo. Se decide optar por los valores consumados en la política, la lealtad y la obediencia, y de esta manera individuos que tienen estas aptitudes “políticas” son los encomendados a la ejecución de los proyectos.

Y no aquellos que tienen la formación profesional en el ramo, o las competencias para analizar y realizar estudios socioeconómicos, la comprensión de costos financieros, el conocimiento del marco legal y la normatividad o requerimientos ambientales.


3. “Construyamos y vendrán”

Aquí el autor señala la ingenuidad con la que los políticos creen que al ser un decreto, “un acto de autoridad” por arte de magia los ciudadanos cambiaran su disposición a favorable. Además de que es aquí donde se generan las sobreestimaciones de costo-beneficio.

Lo que tira por la borda este mantra es que no se hacen estudios verdaderos que resuelvan un problema público, y al ser inflados los beneficios, producto de un mal estudio o de la falta de este. Los beneficiarios en muchos de los casos son menores a la inversión pública ejercida, pues esta mala medición lo que provocará, es que el mantenimiento y la operación de la obra se eleven. Lo que finalmente terminará por convertir al proyecto en un elefante blanco.


4. “Celebremos a lo grande, cueste lo que cueste”

Julio Franco Corzo no solo nos muestra cuestiones técnicas o conceptuales sino que además con este mantra indica una actitud muy humana, la cuestión del Ego. Solo que dándole la dimensión apropiada a las cuestiones públicas, pues en algún punto las decisiones tomadas simplemente por el ego, repercuten en el propio individuo o su entorno, pero siendo este un funcionario público, uno de alto nivel, las consecuencias las pagamos todos los ciudadanos.

Y es que, justo este punto, es el que ha provocado los elefantes blancos más grandes e incluso más famosos. No solo en el país sino en el mundo. Y muchos de estos son desatados por egos que se descontrolan por alguna festividad o evento. Aquí podemos pensar en las olimpiadas en Grecia o el mundial en Sudáfrica o la estela de Luz.


5. “Hay recurso federal, gastémoslo en lo que sea”

Este mantra tiene un carácter más local, pues recae en autoridades estatales o municipales, y surge por la posibilidad de tomar fondos y subsidios federales y con tal de no perder el recurso, crean proyectos de la manga y a toda velocidad. Además que visibiliza la incapacidad para crear proyectos en la Administración Pública que repercutan o sean viables. Aquí sucede lo señalado en el punto dos, donde quienes ejecutan los proyectos no son individuos capacitados y formados profesionalmente sino que se aplica la lealtad y obediencia.

Julio Franco Corzo propone además de reflexionar sobre los “Mantras de los Elefantes Blancos” que las autoridades agreguen la figura del “Abogado del Diablo” que no es más que una persona designada independientemente de aquellos quienes están tratando de proponer el proyecto.

El “Abogado del Diablo” era una figura usada por la Iglesia Católica cuando se trataba de canonizar un santo, el Abogado del Diablo se encargaba no de buscar sus buenas obras sino que trataba de encontrar justo todo lo contrario, y así en dado caso de superar las buenas obras, evitar la canonización.


Bajo esta idea, Franco Corzo invita a que sea designado un individuo externo o del propio gobierno dentro del organigrama y que su función sea la de verificar la factibilidad y medir los riesgos. No del todo podrá realizar estudios, para ellos existen varias dependencias que teóricamente deberían ejercer y realizar su trabajo, sino que más bien este Abogado del Diablo, es una figura que de entrada pueda tener la capacidad de cancelar el proyecto, bajo esta idea más que nada se trata, que sea un individuo capaz de interpelar a quienes proponen el proyecto, la simple idea de la existencia del Abogado del Diablo debería al menos frenar discursos ficticios de éxito, datos maquillados o poner en tela de juicio la capacidad de los jefes que ejecuten el proyecto.

Esta misma idea podría ser reforzada con organismos o instituciones que cumplan con estos objetivos, los del Abogado del Diablo, de esta manera, el proyecto estaría bajo un constante monitoreo desde el Abogado del Diablo interno como de la institución externa. En México aún no existen instituciones del todo así, pero el autor señala que en países como Irlanda del Norte. Existe una institución encargada de monitorear la factibilidad y desarrollo de los proyectos públicos.

Para evitar seguir llenando el paisaje con elefantes blancos Julio Franco Corzo propone que los políticos o funcionarios públicos dejen a un lado sus egos, hagan a un lado la fórmula “política de lealtad y obediencia”, y se rodeen de un equipo de profesionales que ejecute y no simule. De gente que les cuestione y no les hagan la barba. Pues así como su libro está lleno de ejemplos de incompetencia, también muestra ejemplos de lo que se debe hacer.

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