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El crimen de ser periodista




El crimen de ser periodista

Por Guadalupe Hernández


En días anteriores se daban a conocer el caso del periodista asesinado en Tehuacán, Marco Aurelio Ramírez, pero desafortunadamente para nuestro paísesta situación ya no es una novedad y es que año con año, la inseguridad y el índice de los asesinatos son nuestro pan de cada día.


Es así que, como ejemplo de lo anteriormente mencionado y según los datos que expone el Comité para la Protección de Periodistas, lamentablemente, la cifra de periodistas asesinados en nuestro país en 2022 fue de al menos 11 personas, cifra que representa al menos el 20% del total mundial de periodistas que perdieron la vida en condiciones trágicas.


Teniendo en cuenta estos números, la triste realidad es que, para aquellas personas que se dedican a la profesión del periodismo, su vida está en constante riesgo. Y esto no es nuevo, desde hace muchos años, es un secreto a voces que México ha sido y sigue siendo, un país muy peligroso para aquellos que se desempeñan en esta noble profesión.


Nuestra realidad es que vivimos en un país donde informar con la verdad es firmar una sentencia de muerte y las cifras oficiales arrojan que desde el 2000 al 2020, un total de 126 periodistas fueron asesinados en relación a su labor periodística, esto sin contar los casos de periodistas desaparecidos y torturados.


Es así que hago la siguiente reflexión, ¿en qué momento el ejercer el derecho de libre expresión, el informar con la verdad sobre lo que acontece en nuestro país, se convirtió en un motivo más para perder la vida?


Nuestra Constitución salvaguarda la libre expresión, a no ser censurados, pero tal parece que para aquellos que cumplen con su trabajo de periodistas, este derecho no aplica y se paga con lo más preciado que se tiene, la vida.


Parece difícil de creer, pero un estudio de CNN, coloca al periodismo en octavo lugar como una de las profesiones más peligrosas en México, siendo superado solamente por los bomberos, rescatistas, policías, ingenieros eléctricos, mineros, pilotos y constructores.


La ciudadanía se queja de que los medios en México están comprados, de que nadie informa con veracidad, pero es que aquellos que tienen el atrevimiento de decir la verdad y de no ocultar la información pagan este “crimen” con la vida.


Y lamentablemente este es un problema que parece que todos los gobiernos, el actual gobierno tampoco está exento, se rehúsan a ver, y que hasta hoy ningún presidente ha querido afrontar. De este modo hago la siguiente reflexión, ¿Qué está haciendo falta para que la vida de los que informan sea protegida? La única certeza es que es una completa utopía el anhelar un año en el que México no registre asesinatos de periodistas a causa de su labor.



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